11 abril, 2026
A los 52, la vida sigue con casi medio millón de chispazos por delante

A los 52, la vida sigue con casi medio millón de chispazos por delante

El día que cumplí 33 años y 4 meses, hice locro por primera vez en mi vida. Era un sábado frío ese 11 de agosto de 2007 y, mientras preparaba la comida, caí en la cuenta que, si vivía 100 años, ese día estaba cumpliendo exactamente la tercera parte de un siglo.

Por lo tanto, el día que cumplí 50, hace 2, comenzaba la segunda mitad.

Pero como la vida es recalcular todo el tiempo, hace unos días me acordé del Magiclick, que dura 104 años. Y entonces me dije: ¿Por qué no extender la expectativa un 4% de los 100 años previstos inicialmente?

Ya que pueden ser 104 años los que vaya a vivir, entonces estoy recién en la mitad.

52 no es un mal número, si fuera un Magiclick quedarían unas 25 chispas diarias.

Si calculamos 4 años por 25 chispas diarias, esa proyección da unas 950.000 encendidas, de acuerdo a Hugo Kogan, cuando inventó el artefacto para la marca Aurora allá por 1963.

Con ese optimismo, que estamos empecinados en seguir, quedan por delante unas 475.000 posibilidades de encender el fuego.

Es una buena cifra, para que arda lo que tenga que arder.

Son 52 años. Parece mucho, pero para adelante queda exactamente lo que ya vivimos.

Por los locros que faltan, los vinos por abrir para acompañar semejante producto de la olla nacional y por los libros que restan leer, para intentar entender (seguramente sin conseguirlo), de qué se trata todo esto de la vida.

Con 25 chispazos diarios, seguimos en el camino.

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