Este lunes 22 se conoce el veredicto judicial por la masacre de los fusilamientos de 1956. Entre el 9 y el 10 de junio de 1956, 31 militantes fueron asesinados en la provincia de Buenos Aires, con epicentro en la localidad de José León Suárez. La historia, retratada por Rodolfo Walsh en Operación Masacre, se cierra con un juicio y un cambio de sentido en la historia colectiva.
Durante décadas José León Suárez fue sinónimo de basurales y olvido, dos palabras que en el fondo tienen el mismo direccionamiento. Tirar a la basura es el paso previo al olvido.
No hay datos acerca de si esa lógica instrumental del horror fue pensada por Pedro Eugenio Aramburu en la Quinta de Olivos, por esas horas en las que decidió aplicar la pena de muerte ilegal, desde su lugar de presidente dictatorial de la Revolución Libertadora.
Desde el 16 de septiembre de 1955, primero con Eduardo Lonardi y luego con Aramburu, la “Fusiladora”, llamada así después de José León Suárez, se había propuesto avanzar al futuro con el retroceso de todo aquello que había sembrado el peronismo en la década previa, como síntesis histórica de décadas de luchas trabajadores, por conquistar sus derechos sociales, económicos y políticos.
Avances plasmados, incluso, en la Constitución Nacional de 1949 derogada por decreto tras el Golpe que derrocó a Juan Domingo Perón.
Después de los bombardeos a Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955, con al menos 300 muertos y cientos de heridos, una causa que nunca llegó a juicio, aunque sea simbólico y por la verdad, se consumó el Golpe y rápidamente se desplegó el arsenal de revancha y violencia política que configuraría la Argentina de las siguientes 8 décadas, con ramificaciones que como enredaderas del odio atraviesan nuestros días.
La proscripción del peronismo; la supresión de cuanto nombre estuviera vinculado a ese proceso histórico, hasta llegar a la prohibición de nombrarlo; el secuestro del cadáver de Eva Perón; el ingreso al Fondo Monetario Internacional y la represión de la resistencia naciente fueron las marcas de Aramburu y su pandilla.
Al servicio de la extranjerización de la economía y la concentración del ingreso y riqueza, la dictadura necesitaba aplacar cualquier intento de rebelión, como el intento cívico-militar liderado por los generales Juan José Valle y Raúl Tanco el 9 de junio de 1956.
La idea del levantamiento contra la “Fusiladora” de Aramburu era reestablecer la Constitución de 1949. Un intento frustrado por la decisión de fusilar y dejar en el basurero del olvido, las marcas de la memoria de las luchas.

La palabra emerge desde José León Suárez
La mirada de Rodolfo Walsh, inquieta y atenta, captó el momento en que alguien dijo “hay un fusilado que vive”. Era Juan Carlos Livraga que a sus 94 años dejó de modo escrito su testimonio en el Juicio. Pero esa frase encierra el eje de la tensión: ¿cómo puede haber vida después del fusilamiento?
Junto con Enriqueta Muñiz construyeron la indispensable Operación Masacre, como el mundo conoció la historia de José León Suárez: una serie de artículos publicados entre mayo y junio de 1957 en el diario Mayoría. El libro, ese mismo año, inauguraría el género de novela de no ficción.
A la contradicción de un fusilamiento con sobrevivientes le sigue algo que es construcción colectiva en estado puro: ¿cómo puede haber memoria después de 70 años?
La clave es lo sembrado y, por torpeza intelectual además de la brutalidad del saqueo, los cultores del olvido nunca tienen en cuenta que memoria y olvido son dos caras de la misma moneda. Matar en un basural puede sonar inteligente al principio.
Pero la memoria es también la transformación del sentido del recuerdo. Es tomar los pliegues de lo oculto y echarle luz, es subvertir la palabra y los sentidos de los espacios: donde antes había un basural, hay un auditorio llamado Hugo del Carril, como ocurrió con los ex Centros Clandestinos de Detención de la última dictadura dejaron un resquicio para que se cuele la vida donde hubo muerte.
Territorios de las batallas que no solo son semánticas, pero que la contienen. Lo mismo que ocurre con la justicia ese ideal al que se confunde con el Poder Judicial. En este caso, la balanza de la memoria pesó más que la de la fría máquina de la burocracia de los doctores.
El Juicio se hizo en el lugar donde hace 70 años había basura y donde la dictadura produjo parte de los fusilamientos.
La reivindicación es también llamar a los lugares de otro modo y que los habitantes de esa localidad del municipio de San Martín, puedan vivir en un lugar que esté identificado de acá en más como el sitio en que se puso la historia en su lugar y no tengan su nombre asociado solamente a la muerte y al olvido.
José León Suárez (1872-1929): abogado, diplomático y académico argentino, conocido por ser pionero en derecho internacional. Fundó la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA en 1913 y representó al país en la Sociedad de Naciones. Un liberal “iberoamericanista” del que también su nombre fue ocultado por el horror.
